domingo, 19 de diciembre de 2010

Samuel Cardich presentó su libro “Se busca un colibrí"



Por Valentín Sánchez

Samuel Cardich escribe para olvidar el drama que es su vida. Es decir, escribe para ser feliz. Lo ha dicho el último viernes, en el ex paraninfo, que sigue siendo paraninfo con el añadido del ex, porque nadie lo llama museo regional Leoncio Prado Gutiérrez, que es el nombre que le pusieron hace unos años, cuando pensaban que iba ser museo y hasta ahora no lo es. Lo dijo también la otra vez, durante la Feria del Libro Huanuqueño, pero creo que pocos le prestaron atención. Salvo sus amigos, sus compañeros de escritura, con quienes se pelea cada cierto tiempo porque justamente se quieren. ¿Quién no se ha peleado con sus hermanos?
Samuel escribe para ser feliz y también para hacernos feliz. Para hacer feliz al niño, al sobrino, al hijo que corretea en casa, pero también al niño que todos, tú y yo, los jóvenes, adultos y ancianos de esta aldea que es Huánuco y el mundo, llevamos dentro, muy dentro, agazapado en un recóndito lugar de nuestra alma, a la espera de salir cuando sea propicio, o cuando lo propicie Samuel, con algunos de sus libros, sobre todo los últimos, que tiene la línea humanizadora de “Tres historias de amor”, un clásico de la literatura.
Es un placer, es pedagógico leer a Samuel. También escucharlo, sea en este auditorio o cuando nos tomábamos una cerveza, hace unos años en “El Reflejos” o en Carrión. Qué importa la gastritis si se trata de él, yo alumno él maestro. Un maestro en cuento y poesía. Es un placer escuchar a Samuel, como ahora, allá arriba, en el proscenio, cuando dice que los amigos exageran al hablar de sus libros, que Juan Giles, Luis Mozombite y Andrés Jara, que acaban de presentar esta noche su último libro, “Se busca un colibrí”, han exagerado. Pero Samuel, le digo yo con el pensamiento, sentado en la penúltima silla del auditorio, pero Samuel, no seas huevón, tus libros son buenazos, verdadera literatura, joyas estéticas, caracho.
Por eso a mi amigo Víctor, con quien salgo al tráfago de la calle, le sugiero que si va a regalar algo a sus sobrinos en esta Navidad, regale los libros de Samuel, sobre todo la colección Cuentos del Oidor: “El último petirrojo”, “La casa del guayacán”, “El retorno del jinete incógnito”, “La pequeña Anette” y “Se busca un colibrí”. El mejor regalo, sin duda, me dice mi interlocutor.